Cada clavo está hecho mediante una técnica tradicional de forja manual en desuso: elaborado completamente a mano con herramientas simples, sin producción masiva moderna. Recién salidos de la herrería, presentan una capa natural de óxido y pátina, la marca auténtica del trabajo artesanal. Son clavos 'forjados a mano': calentados a altas temperaturas y martillados en forma a partir de una sola pieza de metal, sin soldadura, empalme ni procesamiento secundario. Tienen una cabeza gruesa y resistente, una punta afilada cónica y un punto central preciso de aproximadamente 1/8 de pulgada. Cada clavo mide aproximadamente 0,8 pulgadas de diámetro y entre 6 y 7 pulgadas de longitud, con una punta roma y segura. Al ser 100 % artesanales, pueden presentar ligeras variaciones en longitud y forma de la cabeza, lo cual no son defectos, sino la firma de su autenticidad. Conocidos como 'clavos de la crucifixión', tienen profundo significado religioso y sirven como recordatorio tangible de la Crucifixión, ideal para exhibiciones eclesiásticas de Pascua, representaciones de la Pasión y decoración cristiana en el hogar. También son regalos significativos para Pascua, Navidad o conmemoraciones. Fáciles de instalar con herramientas básicas: golpéelos con un martillo común; para maderas duras como el arce, preperfore un pequeño agujero guía.